El aire en este lugar es denso y oscuro. Me cansa, me turba la vista, se derrama por mi cabello. No queda mas que movernos a través de estos días resignandonos a tomar sorbos de comodidad, esperando que al llevarlos a la garganta podamos estar contentos. Tus ojos dicen mas de lo que crees que lo hacen y se que con cada mirada que lanzas hacia mi dirección tragas amargo, casi de manera condescendiente. No sonrío, para seguirte la corriente, pero me das risa, me gustaría hacerte entender que mis pies no están mojados por las lagrimas, como vos crees, pero porque he estado cruzando este río por mucho tiempo ya.
Veo tu cara en la cama y me asombro de como tus facciones se tiñen con azul de mañana, quisiera llevar tu imagen en mi bolsillo, hecha añicos, para así darle forma a voluntad a cualquier hora del día. Llevas tu mano al abdomen y dejas que caiga sobre la vida, creí que descarrilar un tren habría sido una tarea mas fácil, pero siempre he dejado el paisaje derramarse sobre la noche y se me hace difícil verme a la cara. Es trágico, pero la tragicidad es dulce y propia de nuestros días, la llevo en los labios y muchas veces hace crecer risas en la cara. Aveces, cuando estas lejos, me propongo volcar este bote, tal vez así tendrías que respirar y pondrías esa cara a un lado, tal vez así te vería como alguna vez te he visto mientras dormís, como sos.
Ayer mientras caminaba por la avenida me detuve a ver un par de niños que llenaban sus manos con piezas de legos, aquellas que teníamos de niños, y no puede evitar reír al encontrar en ellos los mismos movimientos que he visto por tiempo ya, la misma manera de tragar el aire y de quitar los ojos. Últimamente se me hace difícil moverme por las calles y autopistas, con cada salida que cae sobre el día mi cuerpo hace a moverse y desarticular sus funciones. Es en los días de lluvia que la peculiaridad del destino de un paraguas se vuelve casi insoportable, si no fuera por los tintes de rojo que va dejando en su camino. Me disculpo, no puedo evitar entretejer mis pensamientos entre estas palabras y de poco sirven en este momento. El sol se levanta sobre los arboles y borra las letras que escribimos en la arena, los granos se amontonan y se dejan respirar por el viento, la tranquilidad aqui me impacienta, me atrevería a decir que el mar se deja sugerir una manera de morir.
Sonrío, pero no te detenes a verlo, recorres mi cara con cuidado y perdes de vista esos detalles. Mientras salí a caminar el agua de los vasos que he dejado sobre la mesa se ha derramado sobre el piso, se ha agrietado y no camino sin mojarme los pies con cada paso que doy, pero has de saber que no me molesta en lo absoluto. El sol se mueve con pereza hoy y todavía hay suficientes sombras por ahí que han quedado de la noche. Quisiera decir que de perdono, pero nunca te conocí y por ello solo logro perdonarme a mi mismo.
Deje olvidado en el cajón en tu apartamento mis deseos de dejar de ser algo, pero mira, hoy lo has traído de vuelta, lo has dejado en el piso donde se ha mojado y eso me hace increíblemente feliz. Te suspiro a la oreja que me disculpes por llevarme tu memoria pero de no hacerlo no tendría como causar un incendio en mis pulmones. Espero que no te incomode el agua cuando te levantes. Hasta nunca.
Veo tu cara en la cama y me asombro de como tus facciones se tiñen con azul de mañana, quisiera llevar tu imagen en mi bolsillo, hecha añicos, para así darle forma a voluntad a cualquier hora del día. Llevas tu mano al abdomen y dejas que caiga sobre la vida, creí que descarrilar un tren habría sido una tarea mas fácil, pero siempre he dejado el paisaje derramarse sobre la noche y se me hace difícil verme a la cara. Es trágico, pero la tragicidad es dulce y propia de nuestros días, la llevo en los labios y muchas veces hace crecer risas en la cara. Aveces, cuando estas lejos, me propongo volcar este bote, tal vez así tendrías que respirar y pondrías esa cara a un lado, tal vez así te vería como alguna vez te he visto mientras dormís, como sos.
Ayer mientras caminaba por la avenida me detuve a ver un par de niños que llenaban sus manos con piezas de legos, aquellas que teníamos de niños, y no puede evitar reír al encontrar en ellos los mismos movimientos que he visto por tiempo ya, la misma manera de tragar el aire y de quitar los ojos. Últimamente se me hace difícil moverme por las calles y autopistas, con cada salida que cae sobre el día mi cuerpo hace a moverse y desarticular sus funciones. Es en los días de lluvia que la peculiaridad del destino de un paraguas se vuelve casi insoportable, si no fuera por los tintes de rojo que va dejando en su camino. Me disculpo, no puedo evitar entretejer mis pensamientos entre estas palabras y de poco sirven en este momento. El sol se levanta sobre los arboles y borra las letras que escribimos en la arena, los granos se amontonan y se dejan respirar por el viento, la tranquilidad aqui me impacienta, me atrevería a decir que el mar se deja sugerir una manera de morir.
Sonrío, pero no te detenes a verlo, recorres mi cara con cuidado y perdes de vista esos detalles. Mientras salí a caminar el agua de los vasos que he dejado sobre la mesa se ha derramado sobre el piso, se ha agrietado y no camino sin mojarme los pies con cada paso que doy, pero has de saber que no me molesta en lo absoluto. El sol se mueve con pereza hoy y todavía hay suficientes sombras por ahí que han quedado de la noche. Quisiera decir que de perdono, pero nunca te conocí y por ello solo logro perdonarme a mi mismo.
Deje olvidado en el cajón en tu apartamento mis deseos de dejar de ser algo, pero mira, hoy lo has traído de vuelta, lo has dejado en el piso donde se ha mojado y eso me hace increíblemente feliz. Te suspiro a la oreja que me disculpes por llevarme tu memoria pero de no hacerlo no tendría como causar un incendio en mis pulmones. Espero que no te incomode el agua cuando te levantes. Hasta nunca.