Tal vez era que el siempre supo que la muchacha tambien se desenvolvia en su dia a dia con falsedad y, aunque a diferencia de el ella solo ignoraba su mirada en el espejo, no estaba exenta de un "fallo moral"; de esta manera el joven podia, sin preocupacion, ejecutar con cuidado su manejo de la realidad sin ser amenazado por la muchacha, quien en caso de desenmascararlo se veria expuesta a un trato igual por parte de el.
Parece que es inevitable que se busque recortar la imagen de los otros en pequeños pedazos que luego puedan ser reorganizados a gusto, que en caso de ser necesario, tomen forma de la pieza de rompecabezas que perdimos al vernos al espejo. Es especialmente cierto en los dias de lluvia, donde mas de una pieza se hinunda cuando las gotas corren enrte grietas y desmoronan el carton; pienso que de ahi nace el afan de andar siempre con paraguas o sombrilla y mas que todo, el odio a tener los pies mojados, pues al desmoronarse esas piezas del rompecabezas pronto caeriamos a los charcos donde nuestra cara se escurriria dentro de los reflejos quebrados.
Desde hacia unas semanas fumaba, no para aplacar el vicio, pero para calentar sus pulmones que habian sido cubiertos por una leve capa de nieve, de la misma manera, esperaba que el humo ensuciara los gritos que sin ningun esfuerzo le recordaban como la imagen que se habia esmerado tanto en costruir se caia a pedazos.
Desde hace unas semanas sus esperanzas se habian convertido en sueños de perro faldero y besos de despedida que se pierden entre las bocinas de los automoviles. Para ella, los ultimos meses habian estado teñidos del sinsabor de un niño cuando se da cuenta que el sombrero del mago conecta con una gaveta adonde unos cuantos conejos esperan sin cuidado.
El, por otro lado, era un hombre muerto y por tanto se movia por el espacio como una aparicion bien maquillada, con suficiente color para no asustar los peatones, con suficiente risa para no molestar la comodidad de aquellos alrededor, con suficiente ira para que nadie se acercara demasiado.
Sus nudos enredaban sus manos de manera paralela, por eso era mas facil que con la gran mayoria de otros, los otros, siempre otros, unos otros, ningun otros, otros que causaban que el cansancio de desplazara sobre sus dedos, brazos, respiros, como un peloton de guerra, sin piedad.
Parece que es inevitable que se busque recortar la imagen de los otros en pequeños pedazos que luego puedan ser reorganizados a gusto, que en caso de ser necesario, tomen forma de la pieza de rompecabezas que perdimos al vernos al espejo. Es especialmente cierto en los dias de lluvia, donde mas de una pieza se hinunda cuando las gotas corren enrte grietas y desmoronan el carton; pienso que de ahi nace el afan de andar siempre con paraguas o sombrilla y mas que todo, el odio a tener los pies mojados, pues al desmoronarse esas piezas del rompecabezas pronto caeriamos a los charcos donde nuestra cara se escurriria dentro de los reflejos quebrados.
Desde hacia unas semanas fumaba, no para aplacar el vicio, pero para calentar sus pulmones que habian sido cubiertos por una leve capa de nieve, de la misma manera, esperaba que el humo ensuciara los gritos que sin ningun esfuerzo le recordaban como la imagen que se habia esmerado tanto en costruir se caia a pedazos.
Desde hace unas semanas sus esperanzas se habian convertido en sueños de perro faldero y besos de despedida que se pierden entre las bocinas de los automoviles. Para ella, los ultimos meses habian estado teñidos del sinsabor de un niño cuando se da cuenta que el sombrero del mago conecta con una gaveta adonde unos cuantos conejos esperan sin cuidado.
El, por otro lado, era un hombre muerto y por tanto se movia por el espacio como una aparicion bien maquillada, con suficiente color para no asustar los peatones, con suficiente risa para no molestar la comodidad de aquellos alrededor, con suficiente ira para que nadie se acercara demasiado.
Sus nudos enredaban sus manos de manera paralela, por eso era mas facil que con la gran mayoria de otros, los otros, siempre otros, unos otros, ningun otros, otros que causaban que el cansancio de desplazara sobre sus dedos, brazos, respiros, como un peloton de guerra, sin piedad.