Mas alla de la rivera norte, cerca de el bosque camina la niña, en su mano derecha se mece una canasta de moras recogidas durante las primeras horas de la mañana. El cielo camina a su lado, lanzando nubes como colosos en una marcha tenue, los arboles se agitan y no podria dejar de dudar si acaso ven sus piernas, perdiendo la estoicidad de verano. Se camina delgado sobre las lineas de la calle, construida con piedras de rio, curvas cansadas y herrumbradas por la animosidad de la naturaleza; se camina como olas sobre costa, aun a sabiendas que uno terminara secandose entre grietas.
Sus pechos marron rozan las largas lineas de pastizal viejo, que con halo dorado se lanzan hacia su piel tersa, seduciendo con arañazos, vociferando con silencio de cuento de abuelo. A lo lejos se levanta azul sobre el sepia tierra del valle el lago y en la orilla la figurilla de un hombre vestido en prendas oscuras se desdibuja. Sobre una roca teñida de musgo y falta de noticias se sienta, cubierto por entero de sombra orgullosa, con su cara cubierta por una mascarilla de fiestas patronales, una figura de zorro mal coloreada sobre un molde plastico.
Lo gorriones colorean los alrededores de la niña, gorriones de marea roja, cuervos que graznan sobre los cuerpos que rien, cuervos que danzan sobre las plumas sin gracia, cuervos que copulan con el morbo del pastizal y se tragan golondrinas de montaña. Ella se mueve desnuda, con tripas de ansias, con determinacion de azar. Se arrepiente quizas, pero es muy tarde para eso, el hombre sobre la roca ha venido a esperarla y seria una pena informarle que a ultimo minuto ha decidido volver a su piel, el debe haber movido su horario para encontrarle tiempo y si hay algo de lo que alguna vez estuvo segura es de que no gustaba parecer ingrata. Las moras se han derramado sobre su abdomen, cubriendo su nieve de rojo, su rojo de piel y su piel de nieve, ha corrido por su ingle, hasta sus rodillas y ahora marchan sobre sus piernas un grupo de hormigas de noche. A lo largo las chicharras hacen de banda de campo, sabiendo bien que se les ha encargado este trabajo y que deben cumplir con diligencia.
Niña gorrion y pechos pastizal, su estomago yace calmo por primera vez en meses, desde que se monto en aquel autobus, desde entonces sus dias han estado sobrepoblados de chacales y buhos de granero, corriendo sobre los pocos arboles que hacen guardia, teniendo discusiones sobre politica y semiotica, con un etremes de palabreria sobre el clima.
Se ven a los ojos, el bote, de casco rasgado aquamarino, de aspecto viejo y con aire a meses en altamar, se encuentra en el muelle y si no se suelta pronto quedara atracado en la arena por las semanas proximas. Tiene ese olor amarillo a sueños que se usan como anclas para afrontar la falta de metal, tiene ese sabor rojizo a esperanzas que se vuelcan sobre la borda cuando el agua del mar hace a tragarse la barcaza.
Sus pechos marron rozan las largas lineas de pastizal viejo, que con halo dorado se lanzan hacia su piel tersa, seduciendo con arañazos, vociferando con silencio de cuento de abuelo. A lo lejos se levanta azul sobre el sepia tierra del valle el lago y en la orilla la figurilla de un hombre vestido en prendas oscuras se desdibuja. Sobre una roca teñida de musgo y falta de noticias se sienta, cubierto por entero de sombra orgullosa, con su cara cubierta por una mascarilla de fiestas patronales, una figura de zorro mal coloreada sobre un molde plastico.
Lo gorriones colorean los alrededores de la niña, gorriones de marea roja, cuervos que graznan sobre los cuerpos que rien, cuervos que danzan sobre las plumas sin gracia, cuervos que copulan con el morbo del pastizal y se tragan golondrinas de montaña. Ella se mueve desnuda, con tripas de ansias, con determinacion de azar. Se arrepiente quizas, pero es muy tarde para eso, el hombre sobre la roca ha venido a esperarla y seria una pena informarle que a ultimo minuto ha decidido volver a su piel, el debe haber movido su horario para encontrarle tiempo y si hay algo de lo que alguna vez estuvo segura es de que no gustaba parecer ingrata. Las moras se han derramado sobre su abdomen, cubriendo su nieve de rojo, su rojo de piel y su piel de nieve, ha corrido por su ingle, hasta sus rodillas y ahora marchan sobre sus piernas un grupo de hormigas de noche. A lo largo las chicharras hacen de banda de campo, sabiendo bien que se les ha encargado este trabajo y que deben cumplir con diligencia.
Niña gorrion y pechos pastizal, su estomago yace calmo por primera vez en meses, desde que se monto en aquel autobus, desde entonces sus dias han estado sobrepoblados de chacales y buhos de granero, corriendo sobre los pocos arboles que hacen guardia, teniendo discusiones sobre politica y semiotica, con un etremes de palabreria sobre el clima.
Se ven a los ojos, el bote, de casco rasgado aquamarino, de aspecto viejo y con aire a meses en altamar, se encuentra en el muelle y si no se suelta pronto quedara atracado en la arena por las semanas proximas. Tiene ese olor amarillo a sueños que se usan como anclas para afrontar la falta de metal, tiene ese sabor rojizo a esperanzas que se vuelcan sobre la borda cuando el agua del mar hace a tragarse la barcaza.