Ahora se como va el asunto por aquí, agachate o te jodemos. Porque aquí lo que mas nos vale es que seas fiel, que rebanes tu piel para adornarnos, que te llenes la boca de clavos, llenarla hasta sangrar y así merecer la sonrisa de la mañana. Son horribles ustedes, detrás de su belleza ajustada, balance de blancos, de sus colores calibrados y su volumen adecuado, han sido quebrados, vos que no te aman y vos otro que amas demasiado, desde ahí y en seguida te cagas en quien no te pueda ayudar a socavar tu sofocamiento con vos misma y vos mismo.
El enojo ha hecho de cama sus tripas, dejando que el aliento apeste a arrogancia, como una tormenta de debilidad entre las manos, inestables y dibujando la crueldad sobre los días. Con orgullo que se coge a la hostilidad, escupiendo rabia sobre todo que encuentra, personajes destructivos que han declarado guerra a su cobardía.
Y entre las quebradas viejas nos amamos al nadar, con la brisa y se que lo has sentido, lo he sentido, pero vos lo has sentido. Los días de verano hacen espacio para largos encuentros con el sillón, con las manos entrelazadas, la piel grasosa, corriendo por la puerta abierta. Viva la lluvia. Vos lo sabes, yo lo se, pero vos lo sabes y Dios, es una vista que guardar en el pecho.
Así, de esta manera las pequeñas palabras se amoldan al correr por las colinas, como el dorado del trigo y su halo sobre mis manos. Vos, con tu odio decidido, con tu malestar en el pecho, con tu fría cara, con tus amenazas incesantes, con tu concepción de importancia, te has hundido bajo el peso de no comprender el encontrar el hogar en caras desconocidas, en ciudades al norte, en el agua fría del río. Somos tus notas desafinadas, tus helechos y enredaderas, tus grietas y goteras, tus imagenes corridas, tus verdades y tus miedos y esta bien, entiendo que odies eso de vos mismo y vos misma, pero quisiera decirte que el amor es mucho mejor, que te jodes a vos mismo, misma, mismos.
Nunca has escuchado esto, pero podes cantar al lado. La virulencia de tu enfermedad que carcome, nosotros nunca estamos cerca.
Hermana, mantene el fuego adentro, nuestros perros salvajes nunca mueren. Es la sonrisa del pequeño sol, antes de ser vista. Hermana, creceremos, hasta que crezcamos sobre nosotros.
El enojo ha hecho de cama sus tripas, dejando que el aliento apeste a arrogancia, como una tormenta de debilidad entre las manos, inestables y dibujando la crueldad sobre los días. Con orgullo que se coge a la hostilidad, escupiendo rabia sobre todo que encuentra, personajes destructivos que han declarado guerra a su cobardía.
Y entre las quebradas viejas nos amamos al nadar, con la brisa y se que lo has sentido, lo he sentido, pero vos lo has sentido. Los días de verano hacen espacio para largos encuentros con el sillón, con las manos entrelazadas, la piel grasosa, corriendo por la puerta abierta. Viva la lluvia. Vos lo sabes, yo lo se, pero vos lo sabes y Dios, es una vista que guardar en el pecho.
Así, de esta manera las pequeñas palabras se amoldan al correr por las colinas, como el dorado del trigo y su halo sobre mis manos. Vos, con tu odio decidido, con tu malestar en el pecho, con tu fría cara, con tus amenazas incesantes, con tu concepción de importancia, te has hundido bajo el peso de no comprender el encontrar el hogar en caras desconocidas, en ciudades al norte, en el agua fría del río. Somos tus notas desafinadas, tus helechos y enredaderas, tus grietas y goteras, tus imagenes corridas, tus verdades y tus miedos y esta bien, entiendo que odies eso de vos mismo y vos misma, pero quisiera decirte que el amor es mucho mejor, que te jodes a vos mismo, misma, mismos.
Nunca has escuchado esto, pero podes cantar al lado. La virulencia de tu enfermedad que carcome, nosotros nunca estamos cerca.
Hermana, mantene el fuego adentro, nuestros perros salvajes nunca mueren. Es la sonrisa del pequeño sol, antes de ser vista. Hermana, creceremos, hasta que crezcamos sobre nosotros.