a casa del árbol
ciudades. ciudades y años. mi ciudad es un cronopio compuesto de luces de feria, de bosques en la espalda, imágenes suspendidas. mi ciudad es una tierra de entierros. Mi ciudad es el dualismo del desierto y la selva, de dunas y pinos; aquí es donde veo partir los colosos en su danza eterna, ese devenir constante. Es porque hace frío últimamente, es porque hace frío y porque desde mi montaña veo su ciudad a lo lejos, es porque mis puentes siempre son levadizos y tienen una preferencia a mirar hacia el cielo.
ajenas. ajeno tu cuerpo, tus curvas. ajenos son tus labios, aquellos para los que he escrito mapas, mapas que trazan el camino entre tus poros, pasando por tus piernas, tus pulmones, llenos de tonalidades de azul y verde.
ciudades ajenas. son aquellas lejos de mis puentes levadizos, lejos de mi montaña. son esas ciudades a donde los colosos viajan, son esas ciudades de colores pintones en la tarde, lejos de la oscuridad de mi montaña.
Hola. He preparado mis dedos a trazar el camino entre las constelaciones. He preparado mis ojos a trazar el camino entre tus poros. Vamos. Son estas noches que he estado esperando, con los colosos lejos, para guiarme. Frío. Hace un poco de frío. Invade mis ojos, hoy todo tiene olor a azul. No llevo mucho en este lugar, pero siempre llevo mi ciudad conmigo; siempre llevo este péndulo que me recuerda que de no morir todas las noches puede que no este vivo para mantener este barco en rumbo. Es porque nunca fuiste una isla, porque siempre te he visto desde abajo, en movimiento constante, acompañada de sombras de amarillo. Océano. Me he llevado mi océano conmigo, he llevado mis barcos de papel, mi pino y tus ojos, todos acurrucados en mis manos. Sabes, deje mis mapas, nunca he podido calcular adonde estas, mientras duermo estos días la brisa me contó tu secreto. Que sos, estas en todo lado.