10.7.09

old yarn

Somos las crías con quienes ha pasado, tal vez, menos tiempo, pero crece en nosotros, de igual manera, el coro de querer raspar nuestras gargantas. Hemos pasado años grabando sobre nuestros brazos las lineas para nunca encontrar este lugar de nuevo y, precisamente hoy, salimos a la ciudad.

Somos un viejo hombre joven, graznando en la esquina de la plaza, con el estomago abierto a la lluvia, radiante, penoso. Mis uñas están largas y por mas que las limpio por debajo, con los inagotables palillos de dientes que abundan en mesas por doquier, juran oscurecerse en el momento en que quite la vista. Perros de caza, abundantes en el riachuelo. Entonces me percate de que la garganta había raspado toda la noche; me lleve la mano a la garganta.

Desde entonces y hasta ahora todo sabe a procesión fúnebre, carreta jalada por bueyes enfermos, a tarde de lunes y esa necesidad compulsiva de ordenarse los próximos seis o siete meses. Lo juro, se lo jure, luego de eso pasaba las tardes en la biblioteca esperando colorear los espacios vacíos con las experiencias de los otros. Eso fue lo que pensé que pensabas, mientras dejaba la pintura negra sobre mis labios. Canalla.

Nunca me acostaba en el bus y el día que lo hice vi al cuervo joven y viejo ahogandose en sus graznidos, aullando desde la esquina del edificio, ululando como muerte fresca. Todavia tenia pedazos de carne entre los dientes y el olor a sangre no terminaba de lavarse. Las riveras no son buenas para eso, las pequeñas piedras se cogen a los pies, nada de hacer el amor y pronto la vista se va en observar los pies perdidos dentro del río; las guijarras al lado, por la colina. Desde que uso argollas mi sexo me sabe mas. Es tarde y los pies zurcan mojados el camino de vuelta a la cabaña.

Son notas libres y suenan como las garras de abuelo. Toda esa noche mire la araña, era grande y no había mucha mas vida dentro de esa cabaña. Había sido olvidada. Yo habia sido olvidado, entre las ramas salvajes, entre la mala hierba. Sonreí.

1.7.09

Sire

Adelante, tenemos lo que queres acá adentro, una vida acomodada al pastiche de la estetica, mal formados y hermosos, maquillados por el neón y la base. Les han dicho que es mas que eso, sabemos, pero les tenemos que decir que aquí no hay mas que piel sobre piel. Borrate la cara de angustia, que has trabajado arduamente por esto y, en todo caso, si sentís que no te lo mereces es porque te carcome el miedo, no el orgullo.

Vimos el circo que han puesto allá abajo, con sus corazones de plata adornados con carne de quienes pisotean en el suelo, encantados, gritando y saboreando la importancia de una falsa mañana, encontrando en el desfile de martir el sabor que siempre le falto al café después de que cogían asustados. Somos quienes pidieron, somos por quienes vinieron, por quienes han trabajado. Y ahora ¿esto? No era lo querían, lo sabemos, pero ahora no hay vuelta atrás. Adelante, sin la ropa.

Somos tus amantes, tus hermanos, tus amigos, tus padres y madres, podridos y quebrados, creciendo como musgo en el interior de tu pecho. Creyeron que haciendo a empuñar la vida como cuchillo contra nosotros se desharían de su angustia, su molestia con acostarse en cama y saberse ustedes. Nos han acortado la espera, hermanos y hermanas, enfermos.

No somos tus hijos, tus hijos, tus hermanos, tus madres y padres, tus amantes. Somos la mala cosecha, la peste de los cerdos, somos enfermos, enamorados de su carne y alma, somos grotescos y bellos, sublimes.

Somos los caballos de trabajo, viejos y enfermos, sangrando desde nuestras gargantas. Nunca habíamos visto quienes como ustedes con dientes torcidos quisieran roerse entre si. Bailamos como un pulmón negro y pronto nuestros corazones no pudieron mas. Quebraron las patas del potro y nosotros nos encargamos de llevarlos hasta el corral. Con corazones de cartílago no se puede mas que rogar por que sea rápido. Somos tu escalofrío. Nos merecemos esto.