Lloramos pero nos dedicamos a cantar frases de amor y esperaza en el Este de la ciudad.
Las tardes dejan sobre el cemento caras glotonas, manos que se atiborran las bocas con papeles y notas grafito o tinta. He comenzado a creer que si no se puede vencer al enemigo es necesario unirse a el, herirlo venciendose a uno mismo. Extraño malabarear con sus esperanzas quebradas. Aun asi, todos tenemos nuestro punto ciego, esa cara horrible que con benevolencia dejamos descansar sobre nuestras manos. Pues no se ni mierda.
Las tardes sin lluvia sentado en los adentros del cafe de la esquina hacen soportable la idea de que los dias se vuelven cada vez mas intransitables, saber que las venas dentro de los brazos que acompañan las caminatas han sido corroidas y ahora se extienden como una ciudad poblada por cicatrices. Casi soportable quise decir.
No, no lo hacen soportable, ni casi soportable, lo hacen vivido y ruidoso. La gran entrada cubre de luz las mesas de la entrada y es suficiente para que las mesas de mas atras cuenten con la gracia de ser marcada y sus siluetas notadas en el cuarto. Unas cuantas parejas se dan las manos mientras las bocas no paran de moverse.
29.11.08
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