5.10.09

sire

El dia fue un perro enfermo
mastique mis dedos de adentro hacia afuera;
fue roer los dientes de la vanidad
de adentro hacia afuera.

Somos el hambriento
bailando sobre la ceniza
y el azufre de memoria
Sabia al saber de no haber futuro
en nada de lo que construimos;
mis manos son un niño enfermo

Bailamos hasta caer en el suelo
no teniamos pies mas
nuestros tobillos eran plagados
por dientes ausentes
de perros rabiosos

Nosotros construimos
el camino rojo
nosotros mordemos
las manos de nuestros hijos

4.10.09

03

Vamos al paso de un caballo de trabajo, sin ventanas a través de las cuales saltar, sin entrañas a quien culpar. Pasamos el verano en la cabaña, al norte del bosque, escuchando las polillas regurgitar la noche entera. Nos llevamos las manos al pecho, recitamos las plegarias como un monje excitado, cuya vida se extingue dentro de la cabellera de la niña. Por dos noches nos rasgamos las vestiduras, haciendo campo a los riachuelos que antes buscaban eludir el sitio. La tercera subimos hacia las cuevas, encontramos un ternero con nuestros dientes, abierto, con varias cabezas de pajaros adentro.

Abrimos el pecho hacia la noche, con la espalda decorada de rojo; el ritmo del viento era grotesco, apabullante, vos te reías de la ciudad. La imaginación del niño corrió sobre los pies y nosotros bailamos en unisono, como si las partituras que habíamos escrito años se hubiesen comido entre si. Fuimos corcheas indeseadas. Corcheas bastardas. Podridas.

Así durante ese mes. Sombras detrás de El orden compulsivo, de La estética personal, de La narración cobarde, de Las noches teñidas de grandeza. Con cariño de buitres, sobre la piel tersa y los ojos desentonantes; mala hierba, hierve, en el estomago de quienes se pasean sobre la ciudad. También fueron las noches mas bellas que las ciudades vieron.

Poco después el sonido era de intermitencia radial, de quejidos de buey enfermo, de carreta de peste; vos seguías cantando, emancipada. Nuestros ojos continuaron hundiéndose, durante meses. En Dios encontras madre y padre, en cuantos Dioses lo haces, en cuantas caras lo encontras. Estamos detrás de cada uno de ellos, detrás de la cara en la cual la hermosura y esperanza conjugan. Vos sabes, los sabes cuando ves las calles torciéndose entre los cadáveres sociales, olorientos y mal encarados, pudriendose bajo la piedad y el metal del dinero. Vos los sabes cuando esperas el bus y ves bajo tus pies la paloma podrida, como el corazón que llevas bajo tu hombro. Nosotros somos tu Dios, nosotros estamos detras del mover de tus caderas, adentro de los pulmones de cuantos queres.

Esas noches fueron las mas bellas que las ciudades vieron, cuando los perros de caza arrancaban las sonrisas. Cuando la enfermedad que llevaban aquellos, que despojados de nombres se arrastraban, fueron vomitadas hacia los caños.

Vos sabias. Nosotros criamos la raza roja.

27.9.09

02

Hay mañanas en que si se abre la ventana con cuidado el rio bajo los pies no se escapa. Cuando es rojo esta teñido de olvido. De pequeño prometi guardar el sabor de saber mis huesos siendo roidos, ante todo traspies, ante toda incomodidad y desacierto. Se le saca en dosis, se administra y es como habitar algun bosque viejo. Estar frente a la maleza y descubrirse olvidado, sobre los regazos.

La sensacion es como una nube oscura, justo antes de la lluvia. La sensacion es como una mariposa enorme, aquellas que esperan en alguna pared que nadie recuerda, esperando a que alguien la encuentre. Y es que cuando se encuentra, no se puede dejar ir; tuerce las tripas y el miedo goza entre lo podrido y decayente.

Es la sensacion que te encontras de frente cuando el no te quiere agarrar las tetas. Cuando tu entrepierna pasa desapercibida, ante todo, dispuesta como un festin. Es la sensacion que despierta cuando aquello con lo que te llenaste se te va; porque se te va, no tengas duda.

Te despertas y encontras que desde adentro, todo esta vacio. Ahi la ves, en una esquina, la puta mariposa, la puta nube oscura. Todos agarramos una cuando niños. En la casa de abuela, en la esquina de la alacena, en el techo del corredor; la vimos y parecia que nos esperaba, con diligencia.

Te despertas y te encontras como una asilacionista de primera. Sistematicamente has construido una habitacion carente de sentido y sensacion. Sentis que te agarra de las manos y te carcome, sudas, lloras, que nadie te vea te decis, corres. Ella te llora, te rie entre mordiscos, entre alientos de vida podrida.

Nosotros bailamos y cantamos, en la mitad de la pradera, mientras el rio rojo corre de nuestras manos. Nosotros somos tu mariposa.

10.7.09

old yarn

Somos las crías con quienes ha pasado, tal vez, menos tiempo, pero crece en nosotros, de igual manera, el coro de querer raspar nuestras gargantas. Hemos pasado años grabando sobre nuestros brazos las lineas para nunca encontrar este lugar de nuevo y, precisamente hoy, salimos a la ciudad.

Somos un viejo hombre joven, graznando en la esquina de la plaza, con el estomago abierto a la lluvia, radiante, penoso. Mis uñas están largas y por mas que las limpio por debajo, con los inagotables palillos de dientes que abundan en mesas por doquier, juran oscurecerse en el momento en que quite la vista. Perros de caza, abundantes en el riachuelo. Entonces me percate de que la garganta había raspado toda la noche; me lleve la mano a la garganta.

Desde entonces y hasta ahora todo sabe a procesión fúnebre, carreta jalada por bueyes enfermos, a tarde de lunes y esa necesidad compulsiva de ordenarse los próximos seis o siete meses. Lo juro, se lo jure, luego de eso pasaba las tardes en la biblioteca esperando colorear los espacios vacíos con las experiencias de los otros. Eso fue lo que pensé que pensabas, mientras dejaba la pintura negra sobre mis labios. Canalla.

Nunca me acostaba en el bus y el día que lo hice vi al cuervo joven y viejo ahogandose en sus graznidos, aullando desde la esquina del edificio, ululando como muerte fresca. Todavia tenia pedazos de carne entre los dientes y el olor a sangre no terminaba de lavarse. Las riveras no son buenas para eso, las pequeñas piedras se cogen a los pies, nada de hacer el amor y pronto la vista se va en observar los pies perdidos dentro del río; las guijarras al lado, por la colina. Desde que uso argollas mi sexo me sabe mas. Es tarde y los pies zurcan mojados el camino de vuelta a la cabaña.

Son notas libres y suenan como las garras de abuelo. Toda esa noche mire la araña, era grande y no había mucha mas vida dentro de esa cabaña. Había sido olvidada. Yo habia sido olvidado, entre las ramas salvajes, entre la mala hierba. Sonreí.

1.7.09

Sire

Adelante, tenemos lo que queres acá adentro, una vida acomodada al pastiche de la estetica, mal formados y hermosos, maquillados por el neón y la base. Les han dicho que es mas que eso, sabemos, pero les tenemos que decir que aquí no hay mas que piel sobre piel. Borrate la cara de angustia, que has trabajado arduamente por esto y, en todo caso, si sentís que no te lo mereces es porque te carcome el miedo, no el orgullo.

Vimos el circo que han puesto allá abajo, con sus corazones de plata adornados con carne de quienes pisotean en el suelo, encantados, gritando y saboreando la importancia de una falsa mañana, encontrando en el desfile de martir el sabor que siempre le falto al café después de que cogían asustados. Somos quienes pidieron, somos por quienes vinieron, por quienes han trabajado. Y ahora ¿esto? No era lo querían, lo sabemos, pero ahora no hay vuelta atrás. Adelante, sin la ropa.

Somos tus amantes, tus hermanos, tus amigos, tus padres y madres, podridos y quebrados, creciendo como musgo en el interior de tu pecho. Creyeron que haciendo a empuñar la vida como cuchillo contra nosotros se desharían de su angustia, su molestia con acostarse en cama y saberse ustedes. Nos han acortado la espera, hermanos y hermanas, enfermos.

No somos tus hijos, tus hijos, tus hermanos, tus madres y padres, tus amantes. Somos la mala cosecha, la peste de los cerdos, somos enfermos, enamorados de su carne y alma, somos grotescos y bellos, sublimes.

Somos los caballos de trabajo, viejos y enfermos, sangrando desde nuestras gargantas. Nunca habíamos visto quienes como ustedes con dientes torcidos quisieran roerse entre si. Bailamos como un pulmón negro y pronto nuestros corazones no pudieron mas. Quebraron las patas del potro y nosotros nos encargamos de llevarlos hasta el corral. Con corazones de cartílago no se puede mas que rogar por que sea rápido. Somos tu escalofrío. Nos merecemos esto.

23.6.09

XXI

Ahora se como va el asunto por aquí, agachate o te jodemos. Porque aquí lo que mas nos vale es que seas fiel, que rebanes tu piel para adornarnos, que te llenes la boca de clavos, llenarla hasta sangrar y así merecer la sonrisa de la mañana. Son horribles ustedes, detrás de su belleza ajustada, balance de blancos, de sus colores calibrados y su volumen adecuado, han sido quebrados, vos que no te aman y vos otro que amas demasiado, desde ahí y en seguida te cagas en quien no te pueda ayudar a socavar tu sofocamiento con vos misma y vos mismo.

El enojo ha hecho de cama sus tripas, dejando que el aliento apeste a arrogancia, como una tormenta de debilidad entre las manos, inestables y dibujando la crueldad sobre los días. Con orgullo que se coge a la hostilidad, escupiendo rabia sobre todo que encuentra, personajes destructivos que han declarado guerra a su cobardía.

Y entre las quebradas viejas nos amamos al nadar, con la brisa y se que lo has sentido, lo he sentido, pero vos lo has sentido. Los días de verano hacen espacio para largos encuentros con el sillón, con las manos entrelazadas, la piel grasosa, corriendo por la puerta abierta. Viva la lluvia. Vos lo sabes, yo lo se, pero vos lo sabes y Dios, es una vista que guardar en el pecho.

Así, de esta manera las pequeñas palabras se amoldan al correr por las colinas, como el dorado del trigo y su halo sobre mis manos. Vos, con tu odio decidido, con tu malestar en el pecho, con tu fría cara, con tus amenazas incesantes, con tu concepción de importancia, te has hundido bajo el peso de no comprender el encontrar el hogar en caras desconocidas, en ciudades al norte, en el agua fría del río. Somos tus notas desafinadas, tus helechos y enredaderas, tus grietas y goteras, tus imagenes corridas, tus verdades y tus miedos y esta bien, entiendo que odies eso de vos mismo y vos misma, pero quisiera decirte que el amor es mucho mejor, que te jodes a vos mismo, misma, mismos.

Nunca has escuchado esto, pero podes cantar al lado. La virulencia de tu enfermedad que carcome, nosotros nunca estamos cerca.

Hermana, mantene el fuego adentro, nuestros perros salvajes nunca mueren. Es la sonrisa del pequeño sol, antes de ser vista. Hermana, creceremos, hasta que crezcamos sobre nosotros.

2.6.09

Ese día fue como un caballo de trabajo al borde del colapso. Avanzamos con nuestras manos en nuestra espalda, tallando en nuestra esperanza los nombres de quienes gritaban en la plaza. No somos tus hijos. No somos tus hijos. Tus hijos. Hijos, por favor. Avanzamos con nuestros gritos en la mano, ensuciando las calles de la ciudad.

Corramos de la mano, te pido, corramos de la mano hasta que nuestros ojos se sequen por el viento.

Lo tenemos entre las manos y se escapa entre los dedos. Este es un regalo para quienes están presentes, si ves adentro tuyo me veras así. Si ves adentro mio veras un charco. Las ultimas noches he pasado mordiendo mis dientes y dejandome salivar sobre mis dedos. Tosiendo y dando vueltas. Están aquí para dejarnos la salvación al lado de la cama.

Clavados en los troncos viejos estaban esos papeles que decían con alegria: "!Están aquí para salvarnos!"

Pero no era necesario, para esa noche ninguna luz se encontraba prendida. Hay un punto luego del cual no hay retorno. Junio.

Quisiera correr hasta dejar los pies perdidos, hasta caerme de bruces y que mi sangre bese los tallos del trigo. Esa noche vi un zorro al borde de la montaña, estaba cansado y su saliva hacia figuras en la tierra, me reí. Caímos por la colina como una manada de caballos de trabajo, cansados y ciegos por el rostro de nuestra naturaleza. Dejamos un trillo entre la arboleda, la madera quemada, el olor a olvido, el sabor a tierra seca; caímos como el enojo de la madre y el padre, el enojo del enojo, la tristeza del no saber.

Esa noche vi un zorro, corrimos hasta colapsar, nuestros cuerpos se pudrieron en el medio del bosque.

28.5.09

sonrisa

Porque vos eras ese niño, sin huesos adentro de sus brazos, le arrancaste las patas a los insectos. Ahora sos ese hombre, muerto contra el cerco. Ahora los brazos no dan mas y cuando tus ojos se hundan a ser aun mas inútiles pondremos nuestras caras contra lo dientes de los perros y dejaremos que nos saquen la risa a mordiscos.

El cielo era gris y vos eras ese niño, sin huesos adentro de sus brazos, te sonrieron con restos de carne entre los dientes y olor a humo entre las encías. Ahora sos esa mujer, muerta contra el piso de roble. Tu historia favorita arremangada y con los gritos de los pajaros en tu vientre.

Tuvimos nuestros días, sin huesos adentro de los brazos, mientras recogíamos los pedazos de nuestros familiares del suelo. Vos jugabas con los gritos de los pajaros entre tus manos, ahora sos ese niño, muerto contra las patas de los insectos. Te enfermaste luego de correr bajo la lluvia y pasaste una noche tosiendo los lamentos de tu madre y el orgullo de tu padre, haciéndote piernas de cartón.

Yo te llame y contestaste, idiota. Mas al norte y durante toda una tarde bailamos en circulo, una y otra vez, nuestros pies sangraban, nuestras sonrisas eran pulidas por el viento frío. Crecimos con los bosques negros y creceremos con los bosques negros, como enfermedades, entre el lodo.

Yo quise ir a recolectar las sonrisas de un pueblo perdido pero vos no encontrabas tu zapato, lo habías perdido. Lloraste un río y la casa se vino abajo, podrida desde adentro. Yo quise ir a recolectar los cascarones de pueblos perdidos pero vos no encontrabas tus uñas. Las querías para rasgar los arboles y encontrar una manera de volver.

Nunca has hecho nada.

Descansamos en el campo por tres semanas, las raíces crecían sobre nuestras espaldas y nos pintamos las venas de libros viejos. Jugamos con los perros de caza. Eras una perdiz. Jugamos con los perros de caza y reímos el río hacia la ciudad. Pronto la suciedad se trago las calles y los edificios viejos; nosotros le dimos el apoyo a todas sus causas y nunca prestaron atención al olor. Ellos eran los niños sin huesos en sus brazos, ellos son los hombres que mueren contra los cercos.


Vos querías esto, ahora tomalo. Vamos a darle de comer carroña a tu vientre. Vamos a bailar nuestras piernas hasta que la carne tiña tus vacíos.

29.4.09

XX

Cuando era niña llevaba uno de esos vestidos florales que llegan hasta la rodilla, su tía se lo había regalado unas Navidades atras y desde entonces no se despegaba de él. Para entonces el atardecer se había quebrado y la casa tenia el vació que causa una cama perpetuamente arreglada. Dejaba caer una moneda de cinco colones cada media hora, insistentemente, como si pronto dejara de caer y fuese mas lento o mas rápido. Pero nada, siempre nada.

Los silencios no son terribles sino los sonidos que se aparecen en ellos.

Para entonces no había nada que hacer, todo hecho y deshecho. Entre Julio y Junio veinte monedas al día, luego sobre el zacate. Ella es como la parte baja de un río, en la parte mas baja de se ríe como la montaña y todos en ella corren. No habla y en soledad las expresiones tienen miedo de acercarse a su cara.

Su silencio no es terrible, lo son las risillas, las oraciones perdidas, terribles por que entonces no hay nada que hacer, por que la moneda no cayó esa vez.




Fue una pequeña cosa graciosa, muy pequeña y adios.

4.3.09

001

La calle tiene una inclinación apenas perceptible, como si cada paso que se diera mientras uno se acerca a la parada del bus proyectara un plano completo. Se vuelve mas evidente cuando mirando hacia abajo se ve el agua correr con la suciedad de la ciudad. El movimiento aflora de manera grotesca, plasmando en la alcantarilla la sensación de que nuestra humanidad se mueve entre las grietas de esta ciudad como lo haría una peste en el medioevo. La amistad es como un parásito, infecta al huésped y va clamando territorios como suyos. Viernes por la noche y seduce sobre algunos tragos y una conversión en la que se apuesta por el neón y la comodidad de tener alguien al lado que comprenda.

Hacia la izquierda una persona mira abstraída el suelo, la alcantarilla, justo al lado de donde veía hace unos momentos. Pronto noto que quienes le siguen en la linea miran de manera distintiva hacia el mismo punto. Desde aquí se miran como estatuillas de alguna procesión santoral en una Iglesia vieja, con sus caras un tanto afligidas, nunca por quien lloran, siempre por si mismos.

Espero con paciencia a que el cuerpo de la paloma de levante y se sacuda de la terrible responsabilidad de haber causado la angustia de la podredumbre, quizás es un juego y entre mas espero menos se mueve.

Escuche a alguien decir, mientras el bus se balanceaba, que ella esperaba con su cara en la ventana, su piel como una tela de araña vieja, sus costillas como un árbol sin hojas. Entonces a mi me causa risa y mis manos comienzan negras a roer el asiento, haciendo suyas el dorado del brillo. Las caras al otro lado de la ventana se vuelven sustituibles siempre y cuando orquestrasen con precisión las notas que colorean el interior de nuestro pecho, con tal de que al llegar a casa podamos ser consientes o humildes, condescendientes o victimas.

Ropa rota sobre el estomago y se mueve, la sangre brota desde las yemas de mis dedos y sobre las sabanas, hasta el calentador del agua, adonde hierve y despierta las hormigas que tragan en el techo. Mis labios están secos y quebrados así que no tengo de otra que escribir cartas y llenarlas de fotografías recortadas. Amar y amados, como una tarde de domingo, pero sin el viento en la cara y con un añadido de tripas revueltas. Somos como un cine de parqueo por dentro, tenemos metros y metros de cintas un tanto desteñidas y arrugadas que ajustamos al clima del día, siempre un paso adelante de nuestra historia, inmensos predadores de recortes.

Ay mama, quisiera que me extirparan los molares de palabras, así mi saliva no tendría sabor a diccionario de español y mis días dejarían de ser de la Real Academia. Que mis i'es salieran corriendo y se les cayeran los puntos, que las tildes fueran las cejas de un dibujo de niño que mis comas se dispusieran a hibernar y mis puntos rodaran por las colinas

De seguro que te encuentro pronto entre los arbustos, mirando hacia la alcantarilla y con una paloma muerta entre tu angustia. Como caras al otro lado de las ventanas del bus que suenan a que cuando volves a tu sala de estar tenes ideologías a las que aferrarte, opiniones fuertes acerca de nuestras ciudades y nuestras gentes, planes y ambiciones. Como una muerte prematura para un anciano de miles de años, anciano que se colorea las arrugas al borde de las aceras.

21.2.09

I

Las colinas negras se abren paso al norte de la rivera, luego de los pinos. Abren su boca al canto de quienes caminen sobre ellas, el silencio pasa desapercibido entre las tormentas del último cuarto de año. La arboleda juega a coquetear con gangrena violeta, quienes entre estos árboles caminan se juegan la sanidad de espíritu.

Los últimos dos años han constado de sombras sobre las praderas, sombras que angustian y seducen a los viajeros, sombras que aguardan y observan. En los últimos dos años las colinas negras han sostenido montañas calladas por el rubor de mejillas huecas. Vos te arrecostas contra el tronco viejo, sobre una sabana gastada y le tejes remiendos a tu vestido, veras que el día en que se rompa en hilos escucharas a la garganta del zorro morder la brisa de primavera. Yo me pregunto que tanto mas tengo que hacer aquí, los vientos comienzan a soplar sobre la sierra y me llenan la boca de un olor delicado a viento corroído.

El muelle entretiene a los niños en la playa y los campos de flores mas hacia el este pasan desapercibidos, ahí mi espíritu es un trueno negro que corre tras los cantos de las manos Navajo, los cuervos violeta ríen en lo alto, lanzando lagrimas de plaga por sobre los arbustos y las rocas.

El coyote ha visitado el bosque en las ultimas dos noches, mientras dormías sobre la rama de tu saber y sentir, estas mañanas me he levantado con líneas rojas sobre mis brazos y con mi pecho frío; la invitación me ha hecho recordar el miedo al invierno que tuve de niño.

Te rascas la piel y deseas que el mar ahogue las memorias que has acomodado en tus pulmones, te has detenido al pie del árbol de mangos y me has gritado desde la distancia que no te vas a mover de ahí, que vos y tu vestido han decidido vivir en el y ya no hay vuelta atrás. Tu juego me recuerda a los poemas de la india y los jardines de laureles, adonde el rubor de la juventud se esparcía como una enfermedad.

Ahora los perros salvajes roen los árboles caídos, marcando figuras de un paisaje cansado, paisaje que se pierde, paisaje que no se escucha. De vez en cuando se levantan piedras al lado de las colinas, piedras que recitan historias y fabulas de otro tiempo, como amantes monolíticos a la espera de fulgor de lluvia. Se levantan sobre mi pecho y mis manos desdibujan color al rededor de ellos, mis labios hablan de tormentas en alta mar sobre la seguridad de nuestros árboles.

Mis praderas son gargantas de zorros, mis brazos una caza por lobos, mis labios los perros que fornican y mi tiempo aquí se agota pues caminar un trillo adonde el corazón se extingue me roba el aliento.

23.1.09

IV

Mas alla de la rivera norte, cerca de el bosque camina la niña, en su mano derecha se mece una canasta de moras recogidas durante las primeras horas de la mañana. El cielo camina a su lado, lanzando nubes como colosos en una marcha tenue, los arboles se agitan y no podria dejar de dudar si acaso ven sus piernas, perdiendo la estoicidad de verano. Se camina delgado sobre las lineas de la calle, construida con piedras de rio, curvas cansadas y herrumbradas por la animosidad de la naturaleza; se camina como olas sobre costa, aun a sabiendas que uno terminara secandose entre grietas.

Sus pechos marron rozan las largas lineas de pastizal viejo, que con halo dorado se lanzan hacia su piel tersa, seduciendo con arañazos, vociferando con silencio de cuento de abuelo. A lo lejos se levanta azul sobre el sepia tierra del valle el lago y en la orilla la figurilla de un hombre vestido en prendas oscuras se desdibuja. Sobre una roca teñida de musgo y falta de noticias se sienta, cubierto por entero de sombra orgullosa, con su cara cubierta por una mascarilla de fiestas patronales, una figura de zorro mal coloreada sobre un molde plastico.

Lo gorriones colorean los alrededores de la niña, gorriones de marea roja, cuervos que graznan sobre los cuerpos que rien, cuervos que danzan sobre las plumas sin gracia, cuervos que copulan con el morbo del pastizal y se tragan golondrinas de montaña. Ella se mueve desnuda, con tripas de ansias, con determinacion de azar. Se arrepiente quizas, pero es muy tarde para eso, el hombre sobre la roca ha venido a esperarla y seria una pena informarle que a ultimo minuto ha decidido volver a su piel, el debe haber movido su horario para encontrarle tiempo y si hay algo de lo que alguna vez estuvo segura es de que no gustaba parecer ingrata. Las moras se han derramado sobre su abdomen, cubriendo su nieve de rojo, su rojo de piel y su piel de nieve, ha corrido por su ingle, hasta sus rodillas y ahora marchan sobre sus piernas un grupo de hormigas de noche. A lo largo las chicharras hacen de banda de campo, sabiendo bien que se les ha encargado este trabajo y que deben cumplir con diligencia.

Niña gorrion y pechos pastizal, su estomago yace calmo por primera vez en meses, desde que se monto en aquel autobus, desde entonces sus dias han estado sobrepoblados de chacales y buhos de granero, corriendo sobre los pocos arboles que hacen guardia, teniendo discusiones sobre politica y semiotica, con un etremes de palabreria sobre el clima.

Se ven a los ojos, el bote, de casco rasgado aquamarino, de aspecto viejo y con aire a meses en altamar, se encuentra en el muelle y si no se suelta pronto quedara atracado en la arena por las semanas proximas. Tiene ese olor amarillo a sueños que se usan como anclas para afrontar la falta de metal, tiene ese sabor rojizo a esperanzas que se vuelcan sobre la borda cuando el agua del mar hace a tragarse la barcaza.


17.1.09

letterbomb

He intentado roer mi lengua de manera que mis palabras griten a medio coser. Es la situación de vivir en una tormenta con consideraciones estéticas y de discurso, vivir en un hogar en el cual no hube de haber atracado. Las oraciones medio adornadas de tarde confeccionada a medida se mueven al rededor del pecho moliendo sus dientes, seduciendo la media noche perpetua; lanzado al puerco mientras se escala el abismo. Manos maltratadas y con aire de valentía collage, ahora todos los ojos están sobre vos, esperando en tu espalda la salivación constante de sala de espera. Esto ha sido lo que he encontrado en la estela de tu cuerpo, cansado y con olor a peste, con tu corazón considerado y de simpatía armoniosa.

¿Adonde se te ha ido la sonrisa? La has dejado en una caja al lado del camino luego de contarle a una estrella quemada tus secretos, has visto la esfera caer así que a la mierda con las invitaciones. ¿Escuchaste las noticias? Ha vuelto al pueblo y tiene olor a viento azul. Te has despertado un día con puerco escrito sobre toda tu costa. En esta convicción de concreto te ha hecho falta piedras en tus bolsas para ser mas que una metáfora de cuadernillo de secundaria. Te escucho gemir desde tu montura, acaso la manera mas fácil de salir viva de esto.

Necesito que seas viuda de perro salvaje, necesito que socaves la esperanza adonde reside el corazón. Este silencio es para las venas que pulsan a hacerle el amor a los campos de minas, a devorar la lengua de los bailes de cabaré, llevándose a la garganta la vista de transeúntes y langostinos de campo.

Pequeña señorita, muchacho de ciudad, este ha sido tu error latente, te pido tan solo que te acerques con miedo hacia mis dientes, mi saliva sabe justo al neón que tanto te tiñe las tripas. Deja que las manos te erizen el pelo, que las canillas tiemblen, que el ímpetu se vea como juguete de infante plástico. Te digo que a la mierda con las invitaciones. Vos le has fallado. Aquí es donde la brillante nube oscura gana terreno y te dice "A los leones, querida, querido, estomago que hierve"; Mostrarme a cualquiera con tanta esperanza en ciudades arregladas, en la arquitectura de la soledad, yo te mostrare todos aquellos que han iniciado un fuego con antorcha hacia los pechos.

Aquí las manos abundan y no te escapas, los azulejos en el baño se mantienen fríos y la sala adornada para hacerle compañía a su propia soledad. Luna que cuelga, luna te he pedido que te quedes, luna que cuelga, luna te has ahogado en licor. Mostrame a quien sea, con tanta esperanza en tinta seca, te mostrare a todos aquellos que han hecho el amor en las trincheras de dialogo.

Es aquí donde la puta nube oscura gana terreno, es aquí donde cogemos con sonrisa de zopilote emancipado.