10.6.08

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La noche se traga el viento. Si, cada mañana se ve articulada por arboles viejos que, cada vez mas solitarios, queman con lo que se ha vuelto una suplica para reivindicar la intolerancia. Respirar un aire que dormita sobre sueños muertos, es risible incluso y se le nota en la cara. Cuando se ha incendiado todo lo que habita dentro y fuera de si mismo lo único que le queda es prenderse en fuego a si mismo y así dar una ultima marcha donde sus llamas choquen con los rostros fríos de la gente. Sus movimientos son cortantes y sin ninguna coherencia, es eso de romper los lazos con uno mismo y entonces dejar que el cuerpo intente no ser. Una sonrisa en su cara es palpable y logra perturbar a aquellos que deambulan por su trayecto. En sus manos sostiene un oceano, una tormenta, una tempestad que no se logra compartir, que se lanza por las calles de la ciudad como queriendo tragarse a los transeúntes y así alimentarse con estos naufragios. Las nauseas se han convertido en una expresión notable estos días, expresión de esperanza y odio a la misma vez, sus tripas se tiñen de ceniza y profundizan en un paisaje desolado, planicies donde alguna vez vivieron bosques, donde ahora no hay mas que algunos esqueletos en fuego. Nauseas y ya no se pueden sostener, vomitar sobre el paisaje un reguero de pólvora, un mar de fuego que fornique con la venas de aquellos que se asomen.

Entonces ahora queda caminar por estas lineas de tren a las que debería de haberme atado hace tiempo ya, pero en esto encuentro esperanza. La intuición, puta de media verdad, con sus sospechas ha logrado traer una sonrisa a mi cara. He practicado en estos meses trazar nuevas lineas en mi mente y así evadir los disparos de la división de fusilamiento. Si, me voy de aquí. Tomar aire y dejar que una tormenta de mar lave las marcas que se dejan sobre la piel. Si, es que esto lo que logra es hacerme arder, no te das cuenta y por eso logro hacer nacer sonrisas. De otra manera esto no seria vida. Me comprometo con causas, compromiso a media verdad, un pie adentro y otro afuera mientras duermo con un cuchillo sobre la palma de mi mano. No te das cuenta que esto es un viaje, no un destino, así que en esta cara no hay campo para asentarse. Cuando muera mil pájaros saldrán de mi boca y porque me muero todos los días con gusto he dejado sobre las montañas escarpadas de tu cuerpo una plaga de gorriones, un enjambre, porque esa es la única manera de vivir, articulando las emociones como una enfermedad que se propaga por el paisaje. Estos cielos oscuros que descansan entre tu vida y la mía son señales de noches y mañanas que no se pueden rastrear. Las luces se van y los teléfonos han perdido su tono, cansados de esperar una llamada que nunca se aparece. No puedo sostener una cara que no escupa sonrisas a la vida porque esto es lo que alimenta las llamas, que tal vez algún dia logren fornicar con el bosque y las montañas. Tal vez si el viento no chocara de esta manera contra la cara la marea lograría construir con espuma dientes que lograsen enamorar a los perros salvajes. Si hubiera deletreado los días sobre los brazos, tal vez, tal vez. Esto es un pueblo fantasma que pierde su encanto con determinación a medida que las palabras se suspiran.




Si, arder, aunque las mayoría de las luces en esta ciudad sean de neón.

La muerte es dulce y es porque esta playa siempre proclamo una manera de morir, dibujo sobre la vida una mañana donde no fuéramos, donde no fuéramos juntos, donde mis intentos surtieran efecto y lográramos quemar vivos. Pero eso no es mas que palabras que se suspiran y no queda mas que hacer esto solo, quemarme y esperar que el mar se trague mis cenizas, esperar que la marea algún día choque contra tus pies, tu cara. Mierda.

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