13.2.08

cio' che non siamo, cio' che non vogliamo

Tomas se arrecosto contra la comoda, seguro de no arrugar las sabanas que colgaban de esta. Miraba fijamente el reloj en lo alto de la pared de enfrente; este se sentaba mudo en lo alto de la habitacion con un aire de juez y juzgado que no era agradable, para nada. El cuarto olia a frio de madrugada. El humo se escapaba del cigarrilo que sostenia ella en su mano. Desde donde estaba, su cuerpo se levantaba de la cama de manera similar a como lo hacian los alpes o los himalayas en las fotos que habia observado en los libros de geografía; su cabello hacia contraste con su tez blanca y se regaba por las grietas en las sabanas. Ella parecia muerta, con su cabeza apoyada en su muslo, su cuerpo recorria las venas de su cuerpo y llenaba su vida de nubes de azul y de verde. Lo unico que le reconfortaba era el incansable ir y venir de su abdomen; si no fuera por este movimiento sus ojos no tendrian el brillo que gozaban en este momento.

Sus respiros eran lanzados al vacio del cuarto y el lo sabia. Ellos estaban dentro de los limites de la cama y esto les daba seguridad. Pero el sabia que los suspiros que ella exhalaba se alejaban de ellos como barcos en una tempestad; sin un faro o un puerto que fuera a acomodarlos. Eso de no tener faro era algo que le incomodaba, antes de conocerla a ella su vida se distinguia por tonos grises y noches largas; su vida era contenta y calmada,pero era en esta calma que su ansiedad le arrebataba horas de sueño. Todavia ahora, se aseguraba periodicamente de examinar su figura y ubicar debajo de el mar de cabello negro que inundaba las sabanas sus mejillas y sus labios; de tonos ligeramente diferenciados, se levantaban sobre las montañas y los soles, las lunas y las noches. En lo alto de lo que implicaba la existencia humana, sus labios murmuraban frases incompletas que resonaban a lo largo de los días, y en las noches, sus mejillas brillaban en lo alto del cielo, fuera el a perderse en algun momento ellas estarían ahi para acompañarlo.

Dicen que la madrugada es un tiempo curioso; Tomas nunca le dio mucha importancia, pero esta madrugada lo habia envuelto completamente, seria la combinacion de humo y frio, de sus tez y su cabellera, el no lo sabia. De lo que estaba seguro era que el peso lo inundaba; el viento se escapaba por la cubierta agrietada de su cuerpo y lentamente se hundia.

Naufrago, naufrago. Se acostaba sobre su pecho, nunca penso que de naufragar hubiese terminado en un lugar asi. Los arboles se erguian muy por encima de el y parecian entrelazarse unos con otros; la mayoria pinos, se encontraban ligeramente escarchados. Imagino que se encontraba en algun bosque del norte de Europa. Lastima porque no venia preparado, pero ya se las arreglaria, el eco de las palabras de ella resonaba entre los valles y las llanuras; seria un largo camino devuelta a su cama, pero por el momento, era llevadero. Sus tobillos estaban bajo la arena, no trataba de moverse. Algo de este lugar sugeria una manera de morir. El dia tenia tintes de tragedia, pero no la de los melodramas romanticos del nuevo siglo, ni siquiera del pasado. Tampoco la tragedia de las ciudades de neon. Era la tragedia que era articulada por la felicidad humana; cabe decir que tragedia no es algo negativo, en lo absoluto. Un lugar asi, profundo y calmado era de seguro demasiado para una torpe alma humana.

Pero ahi estaban sus manos, delicadas; uñas radiantes con borgoña. Envueltas en el humo de un cigarrilo que se quemaba lentamente, dejando un rastro de cenizas en la blanca sabana. Se pregunto si no seria una broma, dado que el cigarrillo inadvertidamente habia dibujado en esa madrugada una comedia mucho mas significativa para la humanidad de lo que habian sido capaces los venerados escritores griegos.

Tambien, debajo de las sombras que se habian asentado a lo largo de la noche, estaban sus labios, siempre radiantes; pero el estaba lejos, en uno de los ultimos grandes bosques de la Europa. Porque el era un barco embriagado, sin puertos ni faros, el era un suspiro que habia nacido de aquellos mismos labios que miraba fijamente.

Ella respiraba tenuemente y hundia la mañana en tonos de aquamarino radiante. Ella suspiraba.

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