son las doce medio día, el día esta caliente y pesado, como siempre. me hace preguntar si no seré yo quien esta pesado y caliente, y que por eso, entonces, el cielo siempre me ha atraído tanto. a veces me acuesto en la entrada de cemento de la casa, sobre las manchas de aceite y mil mañanas cansadas que chorrean paisajes. me gusta pensar que puedo ser un globo de aire, acostado, inhalo y me elevo, exhalo, inhalo, exhalo, inhalo, exhalo, hasta que después de un buen tiempo y varios colores he logrado subir, mi casa se ve pequeña, mi mama, también, yo me veo pequeño, mis sueños, ideas y esperanzas, también. como anhelo esto! la brisa en mi cara y un cuarto que siempre cambia! el aire es liviano y frió. veo a muchos de mis sueños pasar a la par mía, todos los que se han elevado, noche tras noche de calor y ansiedad. los saludo pero parecen no escuchar, o me ignoran, me doy la vuelta y siento una sonrisa que acaba de irse, una risa burlona que escapo mi vista. si tan solo fuera un poco más rápido.
tengo un cuaderno enfrente y estoy sentado en el escritorio. fue una caída muy repentina y no me gusto, vuelvo a sentirme cansado y vacío. la taza de te enfrente mío me lo recuerda, siempre trato de llenar los espacios que no he coloreado con sabor a menta, nunca parece servir.
hago un esfuerzo, o muchos, no me acuerdo muy bien. de las memorias solo me quedan pequeños fantasmas de energía que he tratado de colorear, pero como ustedes sabrán a los fantasmas les encanta bailar en los techos, en los tejados y bajo la lluvia, entonces por mas duro que los coloree se mojan y los colores se lavan, vuelven a quedar incompletos, raros y sin balance. se caen. no me gusta. me da miedo que se me pierdan y entonces corro afuera y agarro la escalera. el espacio entre uno y otro escalón es inmenso y se ríe de mi, el sabe que me recuerda de lo que he sido. al principio no tenia experiencia y muchos se me escaparon, me senté en el techo y los vi irse, les tuve envidia porque deseaba ser tan ligero como ellos, tener a las nubes de camas y a las estrellas como luces de una alcoba inconstante.
ya no estaba en el tejado. estaba en una colina con el pelo en mi cara, no me podía mover. sentía que algo me estaba jalando hacia abajo, extrañamente no me molesto (normalmente odio sentirme atado), sentía que el cielo estaba vertiendo en mis entrañas miles y miles de años, me sentía fuerte, sin edad ni preocupaciones, en ese momento fui algo mas que lo que había sido, siempre había sentido que mi vida era un recuento para poder explicar mi ultimo pensamiento, había sido muchos miles de ayeres.
después me empezó a dar miedo, no podía moverme. Que pasaría si me volvía parte del zacate en el que estaba acostado? me dio miedo pensar que posiblemente entonces tendría que soportar a las hormigas y los bichos caminando sobre mí. estaba aterrorizado. quien iría a agarrar a los fantasmas? como podría convertirme en un globo si mis raíces me sostenían a la tierra? sentí un escalofrío que corrió por mi columna y se asentó en mi nuca. por mi inexperiencia en morir pensé que eso significaba que estaba muerto, que ridículo. la colina se movió, talvez se sintió incomoda conmigo encima, me empecé a doblar, no entendía que sucedía.
son las doce mediodía, hace calor y me siento pesado. tengo un cuaderno enfrente y una taza de te.
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