9.12.08

diciembre

Los dolores de cabeza son incesantes, nacen desde el interior de los ojos y se lanzan hacia adentro como un pelotón de guerra. La voz taladra hoyos sobre la frente, las palabras desembarcan sobre la costa en el abdomen y hacen a moverse a través del estomago hasta la claridad del pecho. ¿Para que? La dulce victoria en la primera plana de los periódicos de vuelta en casa, el confeti desde los edificios en el norte de la ciudad, los niños corriendo al lado de el vehiculo y el vitoreo de los transeúntes que poco entienden como la carne regada sobre los montículos afecta sus vidas.

El motor importado desde Bretaña hace un ruido infernal, esa clase de ruido burlón que escupe a la cara y se esconde en el momento en que uno la vuelve; adonde el ruido se encuentra hay tan solo una viejecilla adormilada y un joven que poca atención presta, parecen una ficha de domino que va abriéndole camino a la enfermedad por entre los callejones gastados de la ciudad.

Dénouement. Si acaso fuera eso. No, los nudos de abrazan, se besan, se tragan, dejando rastros de maquillaje en el suelo caoba del bar, maquillaje mejillas, rubor señorita y ojos gangrena. Las balas se tiran a la piel joven, cortando la tensión de las esperanzas entre poros, la carne engulle el metal oscuro con una bienvenida roja, como cuando las olas rompen en el muelle y caen sobre la acera.

¿Es acaso más que eso? Ver desde la ventana en la sala de estar el hoyo en el árbol hueco, retorcido y perverso, lanzando muecas hacia la casa y, finalmente, acercarse desde atrás con la linterna que dejan en caso de un apagón, alumbrando todo el interior del tronco cansado. Caminar por las escalinatas hasta el cuarto con el orgullo en la lengua de haber reclamado ese espacio en nombre de nuestra sanidad. Sanidad pontífice de la violencia, sanidad feudal, sanidad torcida, sanidad que de sanidad tiene solo el acomodo a una vida profundamente enferma.

Va que tu amor es tan solo una colonia de soldados de juguete, creyendo haber tomado la vida, nada más que una división de sueños rotos que dejan la vida escaparse por entre los dedos. Tus relaciones, una masturbación mutua y compulsiva.

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