4.12.08

colinas negras

Me gusta como una metáfora, como el sentido común, como la falta de conciencia. Más allá de la sierra norte hay tres árboles que crecen sin darle importancia al suelo, tres árboles que queman sus ramas hacia el cielo por la noche. Más allá de la sierra norte hay una cara que llora la felicidad de gorriones. Aquí en la ciudad hay un apartamento donde las venas saltan de sus brazos y se amarran a esperanzas plásticas. Aquí en la ciudad hay labios que proclaman el polvo blanco sobre los sueños, calles de flores azules que amarran sus hojas a las piernas de los transeúntes. Mierda. Si, mierda, porque eso es lo que queda decir cuando se levantan Dioses dentro de traqueas gastadas.

Si, fresca como mañana de diciembre, aun cuando las escaleras desde el primer piso son una orquestra en mi mente; no hay tal cosa como miedo, más un susurro al oído que dice "hay demasiada gente en este lugar, vámonos de aquí".

Estas noches son una batalla campal, una guerra despiadada adonde se dejan caer sobre las sabanas las necesidades e inseguridades, las esperanzas y los sueños, abrumadores, queriéndose comer cada rastro de amor en el aire. Por eso calculo la estrategia, me acomodo en los flancos de tu cuerpo, me apodero de tus miedos y los destierro hacia la sala de estar; como si fuera el ultimo respiro, dejar que la perversión del orgullo sea violada por el amor inestable, eterno.

Esto de los celos se vuelve aburrido rápidamente. Hoy me doy cuenta mas que nunca que me resulta profundamente asqueroso todo este asunto, las ventanas del bus golpean los marcos con cada hueco en los que las llantas de dejan ir, el sonido retumba en los cuerpos de todos estos que se sientan aquí, conmigo. Luchar contra sus caras es golpear una pared de concreto con un mazo de plasticina, o quizás, mi mazo es de hierro y sus pechos de agua. No lo hago entonces.

La importancia que nos damos todos es apabullante y la única razón que veo en fundir el hierro en estatuas de ídolo neon es que talvez sentimos que salir vivos de las querellas que tenemos con nosotros mismos nos da la pertinencia de demandar reconocimiento por parte de todo los otros. Si, me gustan tus pechos y me gustan las caderas de ella, se que no te molesta eso, te molesta que tus tropas no hayan decimado mi ser hasta que te llamaras regente de este país, triste cara, la tuya, con tu pretensión de deidad.

Encontrá regocijo en su caja chica de amores y desamores, buscá orgasmo en tu nudo en la garganta, deleitáte con el sabor de las tripas retorcidas y memorias adornadas. Dibuja sobre las calles que te llevan a casa un color ceniza, adonde los cuerpos de quienes has asesinado en tu corazón decoran un vacío burlón, adonde los gorriones cantan una canción de cuna para la miseria de la cotidianidad. Disfruta la ultima ciudad sobre un desierto marrón, habla con tus labios una canción de guerra para Generales cansados, acostate en la oscuridad de una noche árida, descansa tu pecho sobre la Sierra adonde los lobos se mueven entre el granizo como espectadores discretos, listos para dejar sobre tu cuerpo un dialogo animal.

En tu cara no hay nada horrible, solo belleza, hermosura que fornica con el vacío en tus pulmones, estética barata y pastiche, hermosa sos, idiota.

No hay comentarios: