La mañana es una cosa curiosa, la de hoy se ha construido en la sala de mi mente de tres en tres; sistematicamente expandiendo su area alrededor de una figura llena de sombras, quien se sienta en un sillon absorbida por las ansias.
Es esto de crecer que aqueja los ojos de la figura, este desenvolvimiento enfrente de los ojos de los demas; pero lo que mas le aqueja es el colador por el se escurre día tras día, en ojos conocidos, amados, extraños, odiados. Incluso los suyos, cada mañana hay un enfrentamiento tenso con un bloque de arena que sin haber dado su permiso le han dado la tarea de perder su identidad y adoptar la de quien sea que se posicione enfrente; es esto lo mas dificil, las horas de letargo donde su vida de escurre en el colador adoptado que una vez pertenecio a alguien mas. Es una masacre.
"No hay tregua" piensa. "En todo caso, es hora de comprar el pan; estas horas no dan tiempo para las ansias".
Sale de su cuarto, cruza justo donde la mañana todavia no se ha establecido; como queriendo evitar tomar conciencia que ha despertado en otro de estos dias cargados de comodidad burguesa, de la prolongacion del yo, de ocio y todas esas cosas que juegan con sus tripas sin piedad. Pero cierto es, tambien, que lo contrario le es imposible. Ni martir ni libertino. Esta falta de gusto por lo burgues es suficiente para alejarlo, para lanzarlo en el auto-exilio, pero el fuego en si no es suficiente para hacerlo cruzar hacia la eternidad, hacia la trasendencia, hacia la inmortalidad.
La sala todavia se encuentra llena de sombras que se rehusan a irse sin una batalla, muchas han pasado aqui toda la noche y les es dificil moverse, aun cuando la llegada de la mañana es inminente. Los escritorios, viejos y cansados, llevan en su espalda pilas de libros donde el habitante de la sala se ahoga en auto-indulgencia; piensa que talvez no esta mal despues de todo, que talvez la vida tenía que ser asi, que este vacio no es un problema, que muerto en vida no es una identidad tan aborrecible.
Pero el cuarto es silencioso, con aquellos silencios que ahogan la esperanza; aquellos silencios que sin discreción y con sus mangas arremangadas se disponen a hurgar en su interior.
La calle no es muy diferente; ha salido a comprar el pan, pero no es mas que una excusa para alejarse del aroma de la tormenta que dormita en sus habitaciones. En la acera se sienta solo, mira con detenimiento los edificios que le rodean, discapacitados, violados por miles de insectos que se hacen pasar por individuos, con sus pequeñas diferencias y cuestiones que sin duda los hacen "singulares". "Idiotas, no saben nada".
La calle esta vieja, el parque esta viejo, el bosque esta viejo, el esta viejo, ella esta vieja. Sus tripas estan viejas, llenas de cosas que ha decidido prolongar dentro de si. Esta lleno de mierda vieja. Toda esta mierda.
Y porque prolonga todo esto? Prolonga las emociones, las classifica con cuidado y las guarda en sus cajones correspondientes. Para que? Lo unico que logra es ser viejo. En eso estriba la juventud, en el vacio, en el disponerse a uno mismo para lo nuevo. No guardar los papeles en la alcoba y las herramientas en el desvan, saben, "por si acaso".
Hasta su ser, su nombre, lo unico que logra es hacerlo viejo. Algo tan elemental en nuestra cultura, en nuestra sociedad. Acaso los nombres, ademas de sus propositos practicos, no corresponden a una de las fallas mas grandes de la humanidad? Nuestros nombres prometen inmortalidad, por ellos somos, no? Pero nuestros nombres nos matan, por ellos no somos, porque la inmortalidad estriba en el reconocer que uno no es nada, y asi, ser todo. Al final del día quien es por quien? Y su nombre le hacia eso; su bosque, que una vez fue frondoso y transitable se habia enmarañado, como jugando con el mismo.
Estaba cansado, porque todo el mundo tenia nombre, todos son alguien, todos son algo, y todos golpean a la vida en la cara con sus juegos estupidos. Era una tortura, que todos fuesen algo, lo encarcelaba. Nadie era libre, nadie era humano, nadie vivia. Todos habitaban un diccionario pesado, viejo.
Estaba sentado en la acera, mientras su mente se ocupaba de estos asuntos el había sacado su billetera. En ella estaba su cedula de identidad, licencia y todo resto de palabrería en su vida. Por primera vez en años una risa invadio su cara, sus tripas, sus pulmones, sus ojos. Hizo trizas de todos aquellos documentos. El agua de la alcantarilla se los llevo.
"Pobre idiota el que termine con ellos"
Tranquilamente se puso de pie y dio unos pasos adelante. El semaforo en verde, en lo alto de la calle miraba todo con calidad de juez; su color, de cierta manera aprobaba lo que acababa de hacer. El camion hizo a frenar, pero no tuvo tiempo para esquivarlo.
Si, iba a morir. Pero iba a morir sin nombre, en el anonimato; Y eso, morir sin nombre, era mil veces mas disfrutable que vivir con uno.
17.1.08
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