2.6.09

Ese día fue como un caballo de trabajo al borde del colapso. Avanzamos con nuestras manos en nuestra espalda, tallando en nuestra esperanza los nombres de quienes gritaban en la plaza. No somos tus hijos. No somos tus hijos. Tus hijos. Hijos, por favor. Avanzamos con nuestros gritos en la mano, ensuciando las calles de la ciudad.

Corramos de la mano, te pido, corramos de la mano hasta que nuestros ojos se sequen por el viento.

Lo tenemos entre las manos y se escapa entre los dedos. Este es un regalo para quienes están presentes, si ves adentro tuyo me veras así. Si ves adentro mio veras un charco. Las ultimas noches he pasado mordiendo mis dientes y dejandome salivar sobre mis dedos. Tosiendo y dando vueltas. Están aquí para dejarnos la salvación al lado de la cama.

Clavados en los troncos viejos estaban esos papeles que decían con alegria: "!Están aquí para salvarnos!"

Pero no era necesario, para esa noche ninguna luz se encontraba prendida. Hay un punto luego del cual no hay retorno. Junio.

Quisiera correr hasta dejar los pies perdidos, hasta caerme de bruces y que mi sangre bese los tallos del trigo. Esa noche vi un zorro al borde de la montaña, estaba cansado y su saliva hacia figuras en la tierra, me reí. Caímos por la colina como una manada de caballos de trabajo, cansados y ciegos por el rostro de nuestra naturaleza. Dejamos un trillo entre la arboleda, la madera quemada, el olor a olvido, el sabor a tierra seca; caímos como el enojo de la madre y el padre, el enojo del enojo, la tristeza del no saber.

Esa noche vi un zorro, corrimos hasta colapsar, nuestros cuerpos se pudrieron en el medio del bosque.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho :) Intenso.